Una de las novelas más conocidas de César
Aira se titula "Los Fantasmas". Es una hermosa novela que
se puede leer como una parodia de las novelas góticas de aparecidos.
A diferencia de estas novelas, tipo "Otra vuelta de tuerca"
de Henry James, en esta el espacio donde habitan los fantasmas no es
una de esas misteriosas y antiguas mansiones inglesas que dan
escalofríos, es más bien un edificio vulgar de apartamentos que
está en proceso de construcción, habitado por el sereno y su
familia de inmigrantes chilenos. Pero no sólo eso, sino que en vez
de aparecerse de noche, los fantasmas se aparecen a plena luz del
día. En vez de presentarnos situaciones serias y solemnes, los
personajes de "Los Fantasmas" se la pasan haciendo chistes
y diciendo tonterías. Incluso los fantasmas parecen más sacados de
los muñequitos que de las películas de terror.
Sin embargo, a
pesar de todo esto, a pesar de que el narrador despoja esta pieza de
los efectos clásicos de esas novelas góticas de fantasmas - de por
ejemplo esas puertas o ventanas que se cierran solas, lo que es
imposible, ya que la construcción no tiene puertas ni ventanas - ,
la novela causa miedo y extrañeza. Traigo a colación "Los
Fantasmas" porque ayuda a ilustrar quién es César Aira y qué
se propone hacer con su literatura. Leyéndolo da la sensación que
el autor está loco y que manda sus novelas desde un manicomio. Esto
se debe a que uno no se imagina que alguien que ha escrito libros
como "El Sueño", en que una monja se transforma en una
especie de robocop (el monjatrón), o "El Congreso de
Literatura", donde un científico malvado clona al escritor
Carlos Fuentes para poder conquistar el mundo, o "Las Aventuras
de Barba Verde", que incluye varios episodios absurdos, entre
los que sobresale uno que va de un gigantesco salmón proyectado en
el cielo que está a punto de chocar contra la tierra y otro que
termina en un gigantezco rave en las pirámides de Luxor, o
"Dante y Reina", que es una historia de amor imposible a lo
Romeo y Julieta entre una mosca y un perro que transcurre en plena
época peronista, o “La Liebre”, donde los gauchos hablan de
Schopenhauer y toman drogas alucinógenas, o el pasaje de "Un
episodio en la vida del pintor viajero" en que el pintor Johan
Moritz Rugendas, que va cabalgando bajo una tormenta en la Pagatonia,
le cae encima un rayo tras otro, y el de "Yo era una chica
moderna", en que luego que una chica da a luz en el baño de una
discoteca, sus dos amigas que presencian el parto, toman la placenta
y se la aplican en el pelo para que se los deje espectacular; pues a
uno le resulta imposible concebir que alguien que escriba estas
cosas, pueda andar por ahí sin una camisa de fuerza puesta. No es
algo que piensan sólo sus lectores, sino también su familia. César
me contó anoche que su hijo cada vez que lee una novela suya le
pregunta, “ papá, ¿pero qué fue lo que te fumaste para escribir
esto?”.
A
pesar de escribir una de las obras más excéntricas de la literatura
actual, César Aira es un tipo como cualquier otro, una persona
modesta, tranquila, que va al gimnasio, que se desplaza en bicicleta
por Flores, el barrio donde vive en Buenos Aires, que hace filas en
el banco y que asiste a ferias del libro. Mientras otros escritores
se vuelven leyenda al suicidarse y dejar sus manuscritos, mientras
otros se van al Africa a cazar leones con el dinero de su mujer,
mientras otros desaparecen y dejan de publicar para mantener el
interés en su persona, César Aira ajeno a todo esto, lleva una vida
familiar normal y publica tres libros al año en editoriales
independientes de poca tirada. Según me refirió, hasta la fecha
lleva publicados alrededor de ochenta libros. Hay una relación entre
la producción de Aira con la proliferación de editoriales
independientes en hispanoamérica, ya que de alguna manera, la
posibilidad de publicar sus textos, sirve para potenciar su proceso
de escritura, que lo lleva a usar de lema la famosa frase de su amigo
Osvaldo Lamborghini, “primero publicar, luego escribir.”
Los
libros de Aira hay que pensarlos como artefactos, como esas cajas de
Joseph Cornell con elementos yuxtapuestos que el artista recogía de
las calles de Nueva York.
César
Aira también es profesor de literatura y traductor. A la fecha ha
traducido libros de cinco idiomas distintos y de autores tan
disímiles como Kafka o Saint Exupéry. Además de novelas, también
ha publicado cuentos, estudios literarios, ensayos, diarios y obras
de teatro. Todos estos se caracterizan por el ingenio, la
inteligencia, la ironía y una gran dosis de humor. El procedimiento
de César Aira, según ha repetido en muchas entrevistas, es el de
una fuga hacia adelante, que consiste en escribir una página diaria,
en no volver a revisar y en dejarse llevar por la historia. Su
procedimiento está más cerca del poeta que del narrador
deminonónico tradicional y se nutre de técnicas procedentes de las
artes visuales, de la música y del cine experimental. Lo grandioso
de Aira es que sus historias por más absurdas, por más delirantes y
cercanas a la locura que se encuentren, cuando llegan a su página
final, se resuelven de la misma forma que una novela policiaca. En
este sentido, su interés es explorar en esas áreas apartadas de su
mente y de la literatura, esas áreas del inconsciente con que
experimentaron los surrealistas, pero con la intención no sólo de
mostrar la experiencia o lo que pescó en ese mundo onírico, sino
también de cocinarlo, desmenuzarlo y servirlo al lector. Es
prácticamente el mismo principio con el que se apropió Kafka del
realismo para describir con detalles los sueños y las fábulas que
se le ocurrían. Por ejemplo, si en uno de sus libros, un personaje
empieza a construir un carro con los fósiles de un Glyptodón es
porque el antepasado del armadillo, realmente parecía un carro.
Se
podría hablar por horas de Aira. La crítica ha sido sumamente
elogiosa con su obra. De igual manera lo han sido sus colegas. Patti
Smith ha dicho de él que es el último punk. Sergio Pitol escribió
sobre sus novelas que “los episodios son tan disparatados, tan
excéntricos, tan inconcebibles, que los prodigios del lenguaje se
esconden. Parecen ser sólo un sostén firme de los procedimientos
narrativos. Pero cuando uno lee la novela, conociendo ya sus
peripecias, y sobre todo el final, es posible describir el lenguaje,
tocarlo, paladearlo.” Roberto Bolaño dijo que era uno de los
mejores escritores que escriben en español. Carlos Fuentes escribió
en "La Silla del Aguila" que debían entregarle a Aira el
premio Nobel en el 2020. Si Andre Breton hubiese escrito “La
antología del surrealismo” proyectada hacia el futuro de seguro
habría incluido algunas de sus novelas. Otros lo han considerado el
Borges en ácido, el antiRulfo, la reencarnación de Lautreamont, el
Balzac flaco.
Llevo un tiempo fascinado con César Aira.
Viajé a la Argentina hace unos años, pero por más que intenté dar
con él, me resultó imposible. Sin embargo, compré un montón de
libros suyos, que son imposibles de encontrar en el país. De esa
experiencia escribí una crónica larga titulada en "Rosario no
se baila cumbia" que trata básicamente de mi interés en
entrevistarlo. El texto lo editó en formato libro una de esas
pequeñas editoriales porteñas que publican a Aira. Ahora recuerdo
algo que decían de los Velvet Underground, aquello de que nunca
fueron exitosos comercialmente, pero las personas que los escucharon
empezaron su propia banda. Lo mismo ocurre con César Aira: sus
lectores terminan escribiendo. Y si ya lo hacían, la lectura de Aira
sirve para replantear su escritura. Como se lee en el librito, no
alcancé a entrevistarlo. Por lo que grande es mi alegría el estar
ahora, años después, presentándolo acá en la Feria internacional
del libro de Santo Domingo. Quiero agradecer a Nan Chevalier por la
oportunidad. Y quiero agradecer a César Aira por sus libros que me
han hecho tan feliz, que me han inspirado a crear y que me han hecho
reír tanto, aunque a él no le gusta que uno diga que sus libros
hacen reír, pero, ¿qué se va a hacer? También por la novela suya
que me trajo, "El ilustre mago", que recién acaban de
imprimir en Buenos Aires y que de acuerdo a él, ninguno de sus
lectores ha leído aún, por lo que seré el primero en hacerlo. Sin
más que agregar, recibamos con un aplauso, al gran escritor
argentino, César Aira.